Al borde de ninguna parte

Allí estaba yo, a escasos 10 metros de las olas de la ría (con la marea alta), sentado en la cama de mi autocaravana en posición “buda” y frente a una ventana que me comunicaba y a la vez me separaba del resto del mundo.

Diego y Jessy (dos viejos amigos que en esta ocasión habían decidido acompañarme) dormitaban en la cama-salón, abatidos por una mezcla de kilómetros, conciertos, cervezas y copas de Alvariño, para variara mi me costaba conciliar el sueño, dándole vueltas a los días y conciertos anteriores, a los próximos, al viaje del día siguiente y a los preparativos de los conciertos de primeros de año.

Poca gente se aventuraba a caminar por aquel paseo marítimo sacudido por unos vientos mas molestos que intensos y por una fina lluvia que si bien era casi imperceptible a la vista, pasado un buen rato bajo ella, las ropas y los huesos daban buena cuenta de su presencia.

Y allí estaba yo, el “artista”, el que un par de días antes decía sandeces delante del micrófono y llamaba la atención hasta de la última copa de la más recóndita estantería del garito.

Que distinta es esta vida de la que la mayoría de los observadores piensan, al menos la mía…

Los días de gira sin conciertos a menudo se tornan mas tediosos que festivos, obviamente se agradece el cariño y el calor de la gente que conozco aquí y allá, pero a la hora de dormir cada uno vuelve a su hogar y yo a una calle cualquiera del pueblo en el que ese día me encuentre, si, la autocaravana es mi casa, pero a menudo dista mucho de ser un hogar.

Y no quisiera con todo esto dar pena ni hacerme el mártir, ni mucho menos, solo que me choca mirar a través de la ventana de mi autocaravana (mía y del banco hasta Mayo de 2016) y ver esas caras que piensan “míralo, otro pegándose la vida padre”…en todas partes cuecen habas y todos los trabajos tienen su parte buena y su parte mala, de todos los trabajos que he probado (y han sido unos cuantos), éste es uno de los más duros (aunque poca gente lo crea), pero a día de hoy también es el que mas me llena y el que mas me satisfizo de cuantos probé.

A pesar de todo seguimos adelante, hoy desde un insignificante punto de un mapa cualquiera, asomándome una vez más al mundo al borde de ninguna parte, y mañana ya veremos en que calle nos sopla el viento.


Nacho
Salud y buena Música

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